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¿Cuantas películas de animación en stop-motion encontramos al año? ¿por qúe?

Tras este encriptado título en el que vagamente dejo ver la técnica que voy a aplicar, quisiera empezar, como no, por la definición del problema que nos ocupa y su principal repercusión. La animación en stop motion lleva tiempo, mucho mucho tiempo. Los animadores, decoradores, la construcción del set y de las propias marionetas trabajan a más no poder durante meses e incluso años para lograr un producto que no suele exceder la hora y media de duración. Para ejemplificar la frustración que esto conlleva os dejo una escena de mi serie favorita “Parks and recreation”. En esta escena, Ben, que ha sido despedido de su trabajo recientemente, encuentra en la animación stop motion su nuevo Hobby. Cuando su ex compañero de trabajo le hace una visita, Ben entusiasmado corre a enseñarle su nueva creación, un cortometraje de animación para el que ha trabajado día y noche durante tres semanas. Cuando se lo pone, el vídeo apenas dura uno segundos, es ahí cuando se da cuenta de que necesitará ayuda profesional.




Todos los que hayamos tonteado con este tipo de animación sabemos lo frustrante que es ver semanas de trabajo convertidas en un par de segundos. Aunque también tengo que decir que si te gusta como ha quedado la animación, esa frustración se mezcla con una especie de orgullo de padre/madre muy extraño. Y hablando de padres, un pequeño consejo: cuando vayaís a enseñarle a alguien vuestro progreso, buscaos a quien conozca la cantidad de lágrimas y sudor que hay detrás de cada movimiento. Enseñarle un vídeo que has animado a familiares o amigos que no tienen ni idea del tema acaba siempre mal ya que, muy posiblemente, vayas con la moral por las nubes a enseñarlo y se te conteste con un seco “¿Ya está?”. Pisadme la cara con zapatillas de clavos, duele menos.


Ahora es cuando llegamos al problema que nos ocupa. A lo largo de los últimos 10 años, nos hemos podido encontrar en nuestras carteleras con unos 14 largometrajes. 14, en una década, cuando tan solo en 2019 se estrenaron más de 30 largometrajes de animación por ordenador. El stop motion no prolifera mucho en la gran pantalla ¿por qué? Al tratarse de un trabajo artesanal en el que todo se hace a mano, evidentemente se le va a dedicar mucho más tiempo. Por poneros un ejemplo, vayámonos a la película de Tim Burton Frankenweenie. Para cada personaje se utilizaron unas 17 marionetas, y cada marioneta tiene que ir vestida y arreglada por supuesto. Los encargados de animación de la cinta aseguran haber tardado 5 días para confeccionar tan solo una de todas las camisetas que los personajes llevarán. 5 días para cada una, y ni si quiera hemos empezado a rodar. Entonces ¿por qué se hacen así las cosas? Mi apuesta se reduce al carácter artesanal y al tono que tiene el cine de animación en stop motion. Es muy característico, y merece la pena tardar lo que haya que tardar. Además, la cantidad de personas que mueve es insana ¿por qué? Pues veamos, hacen falta animadores, iluminadores, encargados de vestuario, de pelo, arquitectos para la creación de sets... ¡Por Dios! Si existe incluso un “hospital” de marionetas en el que su plantilla se dedica únicamente a arreglar las marionetas dañadas en rodaje. El Stop-motion mueve a muchísima gente.


Ahora bien, a lo largo de los últimos años, gracias a los avances de la tecnología, el proceso se ha podido agilizar bastante. Un ejemplo muy bueno sería la película de Henry Sellick “Los Mundos de Coraline”, una de las primeras en utilizar impresoras 3D para la creación de las expresiones faciales de las marionetas. De esta forma podías literalmente quitarle la cara a tu personaje como si de una careta se tratase y reemplazarla por la que correspondiera en ese momento. Otro avance que ha significado mucho ha sido fusionar el stop motion con la animación CGI y la magia de los cromas. LAIKA, el estudio detrás de “Coraline” o “Kubo” es uno de los mejores en este aspecto.

Aardaman, otro famoso estudio de animación, también utiliza CGI en sus películas de manera muy convincente. Algo que podemos ver por ejemplo en su película “Piratas” en la que contaron con el apoyo de Sony pictures animation. Estos avances funcionan además porque no se llega a perder “la esencia” del stop motion.




Con todo esto sobre la mesa, creo que todavía se podría aligerar más el proceso de la siguiente manera: Necesito que hagamos un viaje a los años 80, los efectos especiales eran mayoritariamente prácticos, los digitales estaban empezando a aparecer pero lo palpable seguía reinando. Vayámonos a películas como “Gremlins”, “La Cosa” o “El muñeco diabólico” allí está nuestra solución. Esta no es otra que el uso de marionetas robotizadas. En las películas que he puesto de ejemplo se usaban de manera totalmente fluida, sin necesidad de ir foto a foto. El stop motion podría aprovecharse algo de esto, sin necesidad de llegar al extremo de que la marioneta realice el movimiento y se grave. Simplemente programas el ciclo en el esqueleto robótico y lo divides en fases. Tomas una foto, la marioneta cambia, haces otra, vuelve a cambiar y así sucesivamente. Esto además haría que el animador pudiera centrarse más en dar vida a todo lo que rodea a sus personajes y no esté robotizado (personajes más secundarios o figurantes que estén en el fondo, elementos del entorno etc.). Eso sí, me tengo que poner ahora un momento el sombrero negro. Esto encarecería bastante las producciones, y ya sabemos que los números de recaudación del cine stop motion no son muy elevados. Pero también os digo otra cosa -escribe Nacho mientras se coloca el sombrero rojo- traer de vuelta las marionetas robotizadas supone un factor nostalgia que a muchos nos encanta y que pega muy bien con la personalidad del stop motion. ¿Quién sabe? Puede que en unos años alguien esté lo suficientemente loco como para intentarlo.


 
 
 

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